Municipalidad de San Nicolas Ciudad-Municipalidad de San Nicolás de los Arroyos

"Hechos que cambian tu vida"

Personalidades
1887. Gregorio Badía (Moricante). El último aguatero.
Firmada en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930, el Dr. Manuel García Reynoso, que había sido Intendente de San Nicolás en 1890, le envió una carta al historiador José E. de la Torre, que este incluyó en su “Historia de San Nicolás de los Arroyos”, como Prólogo. En parte de ella recordaba hechos del viejo San Nicolás de su niñez, “recuerdos que vagan sin precisión en la memoria, como tenues celajes que pasan raudos y se disipan en el cielo azul”, decía. Entre esos recuerdos tenía el día del regreso de los guerreros del Paraguay a San Nicolás, cubiertos con los laureles del triunfo; “muchos habían quedado en los campos de Yatay, Tuyutí, Curupaytí, Yataytí Corá y otros combates encarnizados”, escribió.

Moricante. Guerrero del Paraguay. Último aguatero de San Nicolás.Foto Colección César Bustos

En esos días era frecuente ver en las calles a ex soldados, ante auditorios respetuosos, que se referían con sencillez a los hechos de la guerra en los que habían intervenido y mostraban con orgullo las cicatrices de las heridas recibidas. Cumplido su deber para con la patria, había llegado el momento de retornar al arado, como el soldado romano, después de sus campañas, vale decir, la necesidad de buscarse medios de trabajo para ganarse la vida. Entre otros, recuerdo al negrito Moricante, a quien si no me equivoco fue don Norberto Ruiz quien lo habilitó con un carro de aguatero, que fue su industria única, su pan y su techo, hasta donde sus fuerzas vitales se lo permitieron. Era el hombre de pueblo bondadoso y humilde por excelencia; todos los días se le veía por las calles con su carro y su pipa, al paso cansado de un viejo caballito criollo. El agua del Paraná se usaba para beber, empleándose la de los pozos domésticos para los demás menesteres. Cuando Moricante no aparecía por las calles, ya sabíamos cuál era la causa, estaba ebrio. Era su desgracia y con ella bajó a la tumba. No se apeó de su vehículo, ni aún después de establecidas las Aguas Corrientes; y cuando los achaques de la vejez no le permitieron trepar más a su ya desvencijado y descolorido carro, se le vio por las calles de la ciudad extendiendo su mano descarnada en demanda de una limosna. En las tristezas de su misérrima condición, todavía le restaba sin embargo un rasgo de lejana bizarría; el 25 de mayo y el 9 de julio prendía en su pecho las medallas del Paraguay, y se presentaba en público ostentando aquel, tesoro, que era toda su gloria y toda su fortuna.

La distinguida poetisa nicoleña, señora Rosa Graciela Valdés López de Miró, le ha dedicado la sentida composición "El último aguador", que encierra su mejor epitafio: “Sus brazos acribillados por las balas del Estero, supiéronnos defender los atacados derechos, y ahora... ¡se gana el pan repartiendo agua el guerrero! ¡El fue con el Batallón San Nicolás al encuentro, y trajo de Tuyutí condecorado su pecho! Pero esa gloria no alcanza para pagar el puchero... y sentadito en su carro pasa gritando el guerrero: ¡Agua, señores! El balde, que aquí viene el aguatero…!”. El último aguatero de San Nicolás.

Autores: Santiago Chervo (h) - Miguel Angel Migliarini
Fuente: Historia de San Nicolás de los Arroyos y su Pago